Ha sido un verano distinto, demasiados fallecidos, las familias han pasado por una auténtica prueba de fuego, mucho tiempo sin ocio fuera de casa ha llevado a muchos al límite, los ingresos de la mayoría de las empresas y personas se han visto resentidos por los efectos, más que del virus, del miedo, y eso ha llevado a la ruina a demasiadas pequeñas empresas, y para colmo, este año, la visita de extrangeros a España ha sido testimonial, todo ello, ha dejado un país y un continente, sumido en recesión y en una profunda tristeza.

¿Quién ha ganado en esto?; los miserables de siembre, los rastreros y las sanguijuelas, que han hecho, una vez más, su agosto, porque otra vez ellos han hecho el agosto, su agosto, la gente ha perdido parte de lo que habían conseguido con años de esfuerzo, la avaricia ganó muchas peleas, pero no en todos los lugares, y no la batalla final, es siempre la gana Dios y los que tienen creen en él.

Hemos visto ejemplos de empresas que han dado la cara hasta sus últimas posibilidades, que han cuidado de sus clientes y empleados hasta sus últimas reservas, hemos visto compartir, hemos visto dejar dinero a fondo perdido a amigos y familiares, hemos visto lo mejor y también hemos visto lo peor del ser humano, siermpre pasa igual.

¿Y ahora?.

Empezar de nuevo, ¿con alegria? complicado a corto, pero si tal vez con esperanza, eso nunca falta, alegría hoy es de los humildes y los pobres de corazón, aunque hayan perdido el patrimonio luchado por generaciones.

Tan solo se salvaron aquellos que desde el minuto 1 del caos, supieron perder, los valientes de verdad, los fuertes de alma, los que no sufrieron con lo inevitable, y lo hacían, porque sabían que esto terminaría, y sabían que desnudos venimos y desnudos nos vamos, y sabían que perder a unos buenos amigos, o no ayudar a los que están cerca cuando lo necesitan, habría sido su mayor error, porque hubieran perdido su mayor patrimonio y su alma, el resto es «pura apariencia», una defensa del miedo, que es humano, como no, pero es eso, solo egoismo y protección del personaje.

Hoy 1 de septiembre del 2020, empezemos de nuevo a gatear, poco a poco, con más vocación que profesión y con la esperanza de que los más pequeños hayan aprendido una lección que salvará a las siguientes generaciones, tal vez, esto que nos ha pasado, sea el antídoto de problemas similares en generaciones futuras, esperemos que sea así, y tal vez, nos haya servido a todos para ver los débiles e insignificantes que somos todos ante una tormenta de «las de verdad».

Ahora toca seguir, y con el tiempo volver a cantar y reir.

01/09/2020