En marzo empecé a escribir estos post, quería escribir cada día, era la forma más sencilla que conozco de dar salida a eso que me pasa durante el día, sobre todo, en los días del confinamiento, y hasta aquí hemos llegado. Me ha hecho mucho bien, pero la duda siempre era la misma: – ¿lo comparto con mis 200 contactos de whatApp?, pensarán: – !que pesado!, pero la respuesta que llegaba a mi mente era contundente:

– Si de verdad escribes para ayudar, hazlo. (puff)

No siempre acerté con el objetivo, el ego me ponía a prueba cada día, pero tal vez por eso quiere mi socio que escriba a diario, es una purga lenta que me obliga a mucho para un ratito de nada, o de mucho, eso ustedes juzguen.

Hoy, 31 de julio, el país se para casi por completo, solo unos sectores asociados al turismo tendrán un poco más de movimiento, ¡ya era hora!, será un oxigeno vital para la travesía que empezará el 1 de septiembre, pero como dice el proverbio chino:

  • Cuando lleguemos a ese río, cruzamos ese puente, porque ahora…

¿Cervezas y tintos de verano?, ¿por qué no?.

¿Pinchitos y tapas?, ¿por qué no?.

¿Paseos en bici o andando? ¿por qué no?.

¿Arena en los pies al llegar al hotel o al apartamento?, ¿Si no queda más remedio?.

¿Engordar unos quilos más?, eso seguro.

En España y en Europa, después de todo, seguimos teniendo mucha suerte, pero mucha, y encima, no tenemos ningún mérito por haber nacido aquí, !Desagradecidos!, yo el primero.

Dicen los que no son cristianos: – ¿dónde está Dios cuando pasa alguna desgracia?, y digo yo: – ¿dónde está nuestro agradecimiento, cuando vives con salud cada día?, seguimos siendo unos suertudos desagradecidos, ¡cuánto camino por recorrer!, ¡cuántos trastazos por darnos!.

Dios habla bajito, pero nos habla cada día, solo tenemos que bajar el volumen de todo lo que tenemos alrededor:

  • A un cm, estarás lejos.
  • A un segundo, estarás perdido.
  • Con él, estás salvado.

Nos alejaremos, nos olvidaremos, nos caeremos, porque la vida trata de eso, de caerse y levantarse, ¿para qué? para terminar en el fondo del mar como el marinero de ayer, pero en la pelea, la cara lavada, y la mirada al frente como si fuéramos a ganar, ¿luego?, el descanso eterno.

Hasta pronto, yo me retiro a mis aposentos…

Esther 2, 18

Después ofreció un gran banquete, en honor de Ester, a todos sus generales y oficialidad, ordenó un día de descanso y repartió regalos con generosidad propia de un rey.