Hace muchos, muchos años, para hacer las travesías hacía un nuevo mundo, había que pasar por un mar muy bravo, sobre todo, por las terribles tormentas que siempre aparecían en dichas travesías. Por este mar, pasaban todos aquellos marineros que querían mejorar sus vidas y alcanzar sus sueños.

Ante la misma situación dureza y peligrosidad, había tres tipos de marineros, y cada uno, ante la misma situación, actuaba de manera distinta.

Los primeros, intentaban doblegar a la naturaleza y ante la tormenta, decidían tirar por la borda todo lo que tenían en la bodega, así, conseguían que el barco fuera más rápido y atravesaban la tormenta en muy poco tiempo. Estos marineros, al final terminaban muriendo de hambre, ya que la travesía era muy larga y aunque la tormenta la habían sorteado con solvencia, la falta de reservas, les llevaría a un desenlace fatal.

Los segundos, por cautela y miedo, iban más despacio, y ponían todo su interés en salvar el contenido de la bodega y a sus hombres, pero por la lentitud del barco, la tormenta pegaba con más frecuencia al barco, y al final, terminaban muy pronto el fondo del mar sin haber conseguido su sueño, eso sí, con el estómago lleno, pero el lugar en el que caían era un lugar oscuro y profundo, como los del primer grupo.

Había un tercer grupo, estos, ni tiraban provisiones, ni bajaban el ritmo, simplemente mantenían el rumbo y la fe, a sabiendas, eso sí, que su final ya no dependía de ellos, entre otras cosas, porque ya habían hecho todo lo que estaba en sus manos, pero no querían renunciar a intentar mejorar sus vidas y por ello peleaban con valor. Su final era parecido al de los primeros y segundos marineros, pero al llegar al fondo del mar, estos marineros habían caído en un lugar que no se podían haber imaginado, el verdadero premio era llegar a ese preciso lugar, ya que, aunque todos caían al fondo del mar, el pelear con valor e ilusión, les permitía avanzar hasta caer en un lugar en el que todo era mucho mejor de lo que habían vivido hasta ese momento, había preciosas sirenas, tesoros, comida abundante, etc… en definitiva, sin saberlo, habían alcanzado su sueño.

La gran diferencia de los marineros del tercer grupo con los dos anteriores, residía en que estos, afrontaban la tormenta sin miedo a perder sus vidas, provisiones o barco. Alguien diría: – Sois unos inconscientes, pero bien es cierto, que los del tercer grupo, eran unos sabios, ya que, no renunciaron a la pelea, la miraban a la cara y dijeron: – Si lo que toca es pelea, peleemos cara a cara y sin mentiras y sin trampas, y ese precisamente fue su premio.

Jonás 1, 4

Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, se alzó una furiosa tormenta en el mar y la nave estaba a punto de naufragar.