Ayer estuve en Madrid, y me traje malas sensaciones. Siento que estamos tan ayudados de todo, que la pandemia y el dinero público, no nos hará mejores: ni más generosos, ni más pacientes, ni más comprensivos, nada de nada, los seres humanos somos insaciables.

Llorar y quejarnos, el mi-me-conmigo; eso sí que lo hacemos bien, pedir, eso lo clavamos, echar mierda al de al lado, en esto también somos unos fenómenos; pero mirar la viga de nuestro ojo, nooo, eso no, nosotros somos perfectos, el problema siempre es del otro, ¿cómo voy a tener yo la culpa de algo?. Esa es nuestra sociedad, lo que hemos aprendido; poca humildad y mucho de todo en cualquier momento. Estamos jodidos, y por ello, creo que nos vendrá otro palo duro, y no me refiero a rebrotes, creo que no irá por ahí la cosa, es lo que siento.

La sociedad está enferma, y no es del Covid19, para eso habrá vacuna pronto.

El trabajador no quiere trabajar, el empresario, ni quiere esperar, ni quiere perder; el niño no obedece, el casado quiere separarse, el joven no quiere esforzarse, pero eso sí, tenemos banda ancha y netflix, ¡más narcóticos por favor! no queremos dolor, eso para otros. Nos ayudaron tanto nuestros padres, que se pasaron. Nos dieron tanto, que se nos olvidó dar las gracias.

Poco más por hoy, salvo una cosa, aprender a estar en la celda, aprender a sufrir, aprender a aguantar lo que no nos gusta, no tiene nada de malo, eso es lo único que abrirá nuevos caminos, en ello estoy, que conste que soy un enfermo más, como usted.

Hoy tengo poca fe en el ser humano.

Lucas 13, 23-24
Uno le preguntó: —Señor, ¿son pocos los que se salvan? Les contestó: —Pelead para entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos intentarán y no podrán.