El articulo de hoy versa sobre las diferentes visiones que tenemos de las mismas cosas según nuestra edad, este mismo artículo puede hacerse extensible al mundo de la empresa si lo relacionamos con la experiencia laboral de unos y otros, así que espero, no se si dar luz, pero al menos, un poco de toma de conciencia sobre algo que es perenne a lo largo del tiempo de la humanidad, el egoísmo, la soberbia y la vanidad en unos y otros.

Cuando llegamos a la madurez de la vida, ya sea en lo personal o en lo profesional, tenemos un gran patrimonio en lo que se refiere a experiencias, intuiciones o suma de patrones, esto, es algo que a veces nos protege y nos alerta, pero otras muchas, no nos deja recordar que un buen día nosotros también fuimos jóvenes, impulsivos, locos, disruptivos, etc..

Pero al final de todo, yo pregunto: ¿quién es más egoísta?, el joven por desconocimiento o el mayor por incomprensión y falta de recuerdo.

Si los jóvenes tuvieran criterio, madurez, sensatez, etc… a la hora de hacer las cosas, serían “joviejos”, sería !aburridísimo!, así que debemos de recordar, aunque solo sea por unos instantes, y según nos vamos haciendo mayores, que un día fuimos nosotros los que llegábamos tarde, fuimos nosotros los que fumábamos a escondidas, fuimos nosotros los que bebimos más de la cuenta, fuimos nosotros los que por el rechazo de un ser amado el mundo se rompía ante nuestros pies en mil pedazos, ¿o acaso ya no se acuerda de esto?

Es la vida la que se encarga de corregir los errores que cometemos por acción u omisión, y es la vida la que cuando se siente demasiado amenazada nos saca de su juego, por lo tanto, un poco más de compresión a esos que un día fuimos nosotros no vendría mal.

Una vez oí decir a un hombre sencillo, gasolinero de profesión, que su mujer le echaba la bronca porque no regañaba a sus hijos cuando estos hacían algo malo, y él respondió con mucha sabiduría a mí humilde entender:

  • Para qué quieres que los regañe, ya saben ellos que lo han hecho mal.

No puedo estar más de acuerdo con él, porque cuando hacemos algo mal, los primeros que lo sabemos somos nosotros, la clave de todo es que llegue un momento en el que “decidamos” por nosotros mismos que debemos y podemos seguir evolucionando, pero esta, siempre, es una decisión unilateral.

Dicho todo esto, sirvan estas líneas para dar un poco de luz a la soberbia que esconde la madurez disfrazada con canas, porque junto con la vanidad, son dos enfermedades que duran toda la vida y son incurables en la mayoría de los casos.

Buena semana